Urraca I. Reina de León de 1109 a 1126. Estuvo casada con Raimundo de Borgoña, con quien tuvo un hijo, Alfonso Raimúndez. Tras morir aquel, contrajo matrimonio contra su voluntad con Alfonso I de Aragón por deseo de su padre, Alfonso VI. La tardanza en tener un hijo levantó toda serie de intrigas contra esta alianza, consiguiendo que el papa Pascual II anulase este matrimonio por el parentesco existente (primos segundos) entre los cónyuges. Además los dos tenían un carácter muy distinto con lo cual chocaban constantemente, sin importarles mucho los beneficios futuros de la unión de ambos Reinos. Tras la anulación papal, Urraca decidió separarse del aragonés, lo que dió paso a una nueva guerra civil entre los partidarios del aragonés, los de la Reina Urraca y los de Alfonso Raimúndez. Al final, después de múltiples pactos y negociaciones (incluyendo una reconciliación) Alfonso I repudió a la Reina Urraca y se retiró a Aragón.
Siguieron las luchas internas, ahora con el Condado de Portugal y con Galicia, en donde tuvo gran importancia el Obispo Gelmírez con el que tuvo la Reina momentos de acercamiento y momentos de luchas. Asimismo mantuvo tensas relaciones con su hermanastra Teresa y su marido Enrique de Borgoña, Condes de Portugal, que hacían y deshacían en su territorio sin importarles en demasía que este perteneciera al Reino de León. Además tuvo también que luchar contra los almorávides que arrebataron algunas plazas del territorio leonés, aunque la ayuda de las tropas aragonesas y catalanas evitó que el expolio fuera mayor. El 8 de Marzo de 1126 moría Doña Urraca, parece ser que de parto, en el castillo de Saldaña. Inmediatamente, el día 10 de Marzo, su hijo Alfonso Raimúndez entraba en León y se proclamaba Rey con el nombre de Alfonso VII.
Alfonso VII. Rey de León y de Castilla de 1126 a 1157. Hijo de la reina Urraca y del conde de Grajal, Raimundo de Borgoña. Casó con Berenguela de Barcelona. Consigue acabar con las luchas civiles, declarándose "Imperator" en León, en 1135, sobre Asturias, León, Galicia y Castilla, de hecho, y sobre Portugal, Navarra, Languedoc y Provenza de derecho, estos últimos en el, aún hoy, denominado Golfo de León. Por las entrevistas de Ricobayo y las "Vistas de Zamora", de 1142, se independiza Portugal, mientras Cataluña se une por matrimonio con Aragón. Sigue empero, su política de hegemonía Alfonso, comenzando la catedral de Zamora, que corona con cúpula al estilo bizantino, en un intento de convertirla en centro de un imperio, con el apoyo de los francos del sur. Todo esto es poco más que un sueño; con Aragón y Cataluña firma el tratado de Tulliden, repartiéndose la parte de la península musulmana, pero sus conquistas son efímeras.
La idea imperial leonesa es una simple consecuencia del goticismo, del afán de unidad peninsular o goda, como se desprende de los territorios que abarcaba el imperio de Alfonso VII. Nunca tuvo éxito, pero fue perseguida por muchos reyes, no sólo leoneses, a lo largo de toda la historia. Esta idea imperial desató, desde el principio, uno de los dilemas principales en la historia de la península celtíbera: unidad y diversidad. El imperialismo se ha asociado frecuentemente, en los últimos tiempos, al totalitarismo y al fascismo, pero no siempre fue así. Por el contrario, se asocia tradicionalmente la diversidad con las ideas más liberales, aunque tampoco sea esto totalmente exacto. Veremos, de todos modos, que cuando el Reino de León se vio desembarazado del ideal goticista y del imperialista vivió su mejor momento histórico.
Existieron varias líneas defensivas conforme avanzaba la conquista de territorios hacia el sur. En un primer momento se levantan los castillos cantábricos o astúricos, como el de Luna, que es escenario de la primitiva épica leonesa, escrita precisamente en tiempos de Alfonso VII. Una segunda línea defensiva fue la del Duero, ocupada por las ciuedades de Toro y Zamora, que contaban con uno o varios castillos dentro del recinto amurallado, y aún se conservan. Entre esta línea y la del norte, aparecen castillos hoy muy deteriorados como los de Alba (uno en la provincia de León y otro en la de Zamora) o totalmente destruidos. Algunos de éstos, como los de Benavente o Puebla de Sanabria, fueron reedificados al final de la Edad Media. La tercera línea sería la sierra del sur de Salamanca, como en Miranda del Castañar. Entre esta línea y el Duero se levantaron también fortalezas como El Asmesnal en Sayago o el Buen Amor en la Armuña que, como los otros fueron reparados, ampliados o reedificados posteriormente. Por último, existieron también fortificaciones fronterizas con tierras cristianas, sobre todo en el límite con Castilla, en diversas épocas, como las murallas de Ciudad Rodrigo o las de Villalpando y los castillos de Belver y Villalonso, en Tierra de Toro. Es el momento en que el Reino de León recibe buen número de nobles y súbditos catalanes, como el conde de Urgell y Ponce de Cabrera, que ocupan altos cargos. Al retirarse de Almería muere Alfonso VII, quien habiendo visto una vez más las tensiones entre los diversos países de su Corona, había dejado Castilla al primogénito Sancho, y León a Fernando, con lo que desaparece la idea imperial y el Reino de León vivirá su mejor época.